Eliezet Sesma Diago, reconocido como preso político en Cuba, ha sido un testigo directo de las duras condiciones en las cárceles del país. Condenado a nueve años de prisión por su participación en las protestas del 11 de julio de 2021, Sesma compartió su testimonio con el Observatorio de Derechos Humanos, destacando las múltiples dificultades que enfrentan los presos en la isla.
Actualmente, Sesma se encuentra recluido en el campamento de trabajo forzado La Lima, después de haber pasado un tiempo en la prisión de Valle Grande. Desde su experiencia, ha denunciado públicamente problemas como el hacinamiento, la corrupción, la violencia y la negligencia médica que, según él, son comunes en los centros penitenciarios cubanos.
“Yo sé lo que es estar preso en Cuba”, declaró Sesma, enfatizando que no solo se trata de encerrar a delincuentes comunes, sino también a cualquier persona que se atreva a pensar diferente, cuestionar al régimen o levantar la voz. Según sus palabras, “los presos políticos no solo perdemos la libertad: nos quieren quitar la dignidad, la esperanza, las ganas de vivir”.
Sesma describió vívidamente el hacinamiento en las cárceles, mencionando “a hombres durmiendo en el piso, pegados unos a otros, respirando el mismo aire sucio”. Además, subrayó la omnipresencia de la violencia, tanto de otros presos como de los guardias, y la falta de atención médica que hace que algunos reclusos mueran esperando tratamiento.
El testimonio del preso político también aborda el uso de la prisión como una herramienta de represión ideológica en Cuba. Denunció cómo el espionaje vecinal, la censura y el estigma del régimen transforman a toda la isla en una prisión sin rejas, donde la libertad es limitada y el miedo constante. “La prisión de Cuba no se lleva solo en el cuerpo, también se lleva en la mente”, afirmó Sesma, señalando el impacto psicológico de vivir bajo tales condiciones.
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