La reciente ejecución de pruebas de misiles balísticos intercontinentales Trident II D5 Life Extension por parte de Estados Unidos ha elevado las tensiones en el Caribe, según informó la Marina de los Estados Unidos. Estas pruebas se llevaron a cabo entre el 17 y el 21 de septiembre, cuando se realizaron cuatro lanzamientos programados de estos misiles no armados desde un submarino balístico clase Ohio en la costa este de Florida.
Uno de los lanzamientos, supervisado por los Programas de Sistemas Estratégicos de la Armada de los EE. UU., resultó en un espectáculo visible desde Puerto Rico, iluminando el cielo nocturno de la región. Este despliegue se suma a las fuerzas navales estadounidenses ya presentes en el área, justificadas por Washington como parte de operaciones contra el narcotráfico y organizaciones criminales.
En declaraciones al medio La Noche de NTN24, Santiago García, consultor y experto en seguridad, y Eduardo Hurtado, militar retirado del Ejército de los Estados Unidos, ofrecieron su análisis sobre el evento. “Este es un despliegue de fuerza bastante contundente”, indicó García, subrayando que el uso de tales misiles en pruebas es una muestra significativa de poder. García explicó la capacidad estratégica de estos submarinos, que pueden operar y lanzar misiles incluso en un escenario post-conflicto nuclear, gracias a su autonomía.
Los misiles Trident II D5 tienen una duración de entre 30 y 35 minutos en vuelo, cubriendo distancias de 10,000 kilómetros. García señaló que, desde la costa de Florida, un misil podría alcanzar territorio venezolano en aproximadamente siete minutos. Aunque el pretexto oficial de estas pruebas se enmarca dentro de operativos antinarcóticos, García sostiene que el mensaje trasciende dicha función, manifestando el poder militar de los Estados Unidos.
La modernización del sistema de armas Trident, en particular del modelo D5, apunta a extender su operatividad hasta 2040 o incluso 2050. “Para ello, es necesario realizar numerosos ajustes tanto en el misil como en el sistema de armas”, concluyó García.
El contexto de estas pruebas y el despliegue estratégico de armas subraya las complejidades de las relaciones en el Caribe, en un escenario donde el equilibrio de poder sigue siendo un factor crucial.
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